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La exposición nos
desvela los últimos descubrimientos
arqueológicos realizados en territorio
búlgaro a través de una selección de las
piezas más notables y singulares halladas,
procedentes de una treintena de museos
búlgaros |
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CATÁLOGO DE LA
EXPOSICIÓN: LOS TRACIOS. TESOROS ENIGMÁTICOS DE BULGARIA
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Aunque el acento recae
en la cultura tracia, también se exhiben algunos
objetos especialmente relevantes de las culturas que
la precedieron en los Balcanes orientales. Es el
caso de Varna, uno de los yacimientos arqueológicos
más importantes del mundo (datado a finales del
Calcolítico, es decir, más de 4.000 años antes de
nuestra era) y donde quizá, según coinciden en
afirmar varios expertos, se esconde la cuna de la
civilización europea, así como el primer oro
trabajado del mundo.
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Casco tipo tracio, Pletena, s. IV a.C. |
En las casi
trescientas tumbas estudiadas se han hallado
collares, brazaletes, cetros, amuletos e,
incluso, un falo de oro, todos ellos
trabajados con un refinamiento que
sorprende.
Los tracios se
refiere a un pueblo de origen indoeuropeo
que habitó los actuales territorios del
norte de Grecia, Bulgaria, Rumanía y hasta
la desembocadura del río Dniéper (República
de Ucrania).
A lo largo de
los siglos, Tracia ha permanecido en el
olvido.
El reciente
descubrimiento de magníficas tumbas reales
ha llamado la atención de los especialistas
sobre el extraordinario legado de los
tracios.
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A partir de 1970, los
hallazgos se han encadenado de forma continua: la
necrópolis de Varna (1972), el tesoro de Borovo
(1974), la tumba de Sveshtari (1982), el tesoro de
Rogozen (1985), las tumbas de Shushmanets (1996),
Starosel (2000), Alexandrovo (2001), Goliama
Kosmatka (2004), etcétera. Precisamente, los tesoros
de Letnitsa, Vratsa, Rogozen, Borovo y Panagyurishte
son el gran reclamo de esta exposición singular por
la amplitud de su enfoque y la calidad de las obras
y los objetos reunidos.
Herodoto los
caracteriza por su valentía, su amor a los caballos
y su visión de esta vida como mero tránsito hacia la
inmortalidad. Lucían tatuajes para indicar la
nobleza de su origen, llevaban pieles de zorro en la
cabeza, se cubrían el cuerpo con túnicas envueltas
en mantos variopintos, calzaban botas de piel de
cervato que les llegaban hasta las pantorrillas e
iban armados con venablos, escudos ligeros y puñales
pequeños, tal como corroboran las pinturas de la
cerámica griega. La imagen del guerrero tracio está
muy extendida en el arte, pues eran conocidos y
apreciados por su bravura y su desapego a la vida.
«¡Lanceros de Tracia, bien armados, espléndidos
jinetes inspirados por Ares!», cantó Eurípides en
Hécuba.
Esta exposición da
cuenta de todo ello a través de seis ámbitos,
hilvanados de forma cronológica y con sub-ámbitos
temáticos: Del Neolítico al Bronce, La Edad del
Bronce, De la guerra de Troya a la invasión persa,
El siglo V a. de C., El siglo IV a. de C. y El
declive de la civilización tracia: del helenismo a
Roma.
FUENTE: http://www.guiarte.com
Altivos, rudos y
guerreros despiadados, según los griegos, los
tracios fueron también un pueblo de gran
sensibilidad capaz de crear tesoros de inusitada
belleza que maravillan a los especialistas. El
tesoro de Rogozen, descubierto en 1985, data de
finales del siglo V a. de C. y está formado por 65
piezas de oro y plata finamente trabajadas, con un
peso total de más de veinte kilos. La escritura
tracia aún no ha podido ser descifrada, por lo que
cuanto se sabe de este pueblo se debe al testimonio
de la Antigua Grecia. «Son tan bellas sus armas de
oro que encantan a la vista, ya que no parece que
hayan sido labradas por hombres mortales, sino
forjadas para los dioses divinos», escribió Homero
en La Ilíada, donde aparece por primera vez el
nombre de Tracia.
Con el título Los
tracios. Tesoros enigmáticos de Bulgaria, y tras su
paso por CaixaForum (Barcelona), la Obra Social "la
Caixa" presenta en Madrid la mayor exposición
realizada en nuestro país de una de las culturas más
olvidadas y misteriosas de la Antigüedad. Gracias a
la colaboración del Ministerio de Cultura de la
República de Bulgaria, la muestra reúne unas
trescientas obras excepcionales: ricos ajuares,
objetos suntuarios, armas y arneses, máscaras
funerarias y servicios para banquetes en oro, plata
y bronce, entre los que destacan los tesoros de
Letnitsa, Vratsa, Rogozen, Borovo y Panagyurishte.
Esta exposición,
singular por la amplitud de su enfoque y la calidad
conseguida, desea familiarizar al público de nuestro
país con la cultura de los tracios, pueblo de origen
indoeuropeo que habitó los actuales territorios del
norte de Grecia, Bulgaria, Rumanía y el alto Dniéper
(República de Ucrania).
El
conocimiento de la historia
Uno de los objetivos
de la Obra Social de ”la Caixa” es contribuir al
conocimiento de la historia y el arte, poner al
alcance del público los últimos hallazgos
arqueológicos y mostrar en todo su esplendor el
legado de los pueblos de la Antigüedad a través de
exposiciones dedicadas a las grandes culturas del
pasado, como Los íberos, príncipes de Occidente,
Asia: ruta de las estepas y Nubia.
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Los reinos del
Nilo en Sudán. La muestra Los tracios.
Tesoros enigmáticos de Bulgaria responde a
esta voluntad.
La exposición
actual desvela los últimos descubrimientos
arqueológicos realizados en territorio
búlgaro a través de una selección de las
piezas más notables y singulares halladas,
procedentes de una treintena de museos
búlgaros.
Aunque el
acento recae en la cultura tracia, también
se exhiben algunos objetos especialmente
relevantes de las culturas que la
precedieron en los Balcanes orientales. Es
el caso de Varna, uno de los yacimientos
arqueológicos más importantes del mundo
(datado a finales del Calcolítico, es decir,
más de 4.000 años antes de nuestra era) y
donde quizá, según coinciden en afirmar
varios expertos, se esconde la cuna de la
civilización europea, así como el primer oro
trabajado del mundo. En las casi trescientas
tumbas estudiadas se han hallado collares,
brazaletes, cetros, amuletos e, incluso, un
falo de oro, todos ellos trabajados con un
refinamiento que sorprende. |

Estela, Cultura de Polianitsa, V M. a.C. |
La exposición quiere
familiarizar al público español con la cultura de
los tracios, un pueblo de origen indoeuropeo que
habitó los actuales territorios del norte de Grecia,
Bulgaria, Rumanía y hasta la desembocadura del río
Dniéper (República de Ucrania). A lo largo de los
siglos, Tracia ha permanecido en el olvido.

Pelike s. V a.C:, con representación de
Orfeo |
El reciente
descubrimiento de magníficas tumbas reales
ha llamado la atención de los especialistas
sobre el extraordinario legado de los
tracios.
A partir de
1970, los hallazgos se han encadenado de
forma continua: la necrópolis de Varna
(1972), el tesoro de Borovo (1974), la tumba
de Sveshtari (1982), el tesoro de Rogozen
(1985), las tumbas de Shushmanets (1996),
Starosel (2000), Alexandrovo (2001), Goliama
Kosmatka (2004), etcétera. Precisamente, los
tesoros de Letnitsa, Vratsa, Rogozen, Borovo
y Panagyurishte son el gran reclamo de esta
exposición singular por la amplitud de su
enfoque y la calidad de las obras y los
objetos reunidos. |
La muestra ha sido
dividida en seis ámbitos, que recorren la cultura
tracia y sus predecesoras desde el Neolítico hasta
su declive en las épocas helenística y romana
El comisario de la
exposición, Gregorio Luri, hizo una apasionada
defensa de la cultura tracia durante la presentación
de la muestra. "La historia urbana de Europa -ha
aseverado- no se puede escribir igual sin la
aportación de la cultura tracia. Mientras en
Mesopotamia comenzaba el desarrollo de la
agricultura y en Egipto se esbozaba lo que iba a ser
su gran civilización, ya existía una cultura tracia"
plenamente desarrollada.
Para Gregorio Luri,
"Si le pudiéramos preguntar a Sócrates o a Fidias
qué pueblo estaría nominado a dominar el mundo
hubiera respondido que los tracios.
FUENTE:http://www.liceus.com
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